¿Qué hago cuando ya no puedo con todo?
Soltarlo. No entregarlo con cuidado y quedarte vigilando por si acaso — soltarlo de verdad, como quien tira lejos una piedra caliente que ya no aguanta en la mano. A mí eso me cambió la forma de ver los problemas, y no hizo falta que tuviera nada resuelto para empezar.
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