¿Qué hago cuando ya no puedo con todo?

Soltarlo. No entregarlo con cuidado y quedarte vigilando por si acaso — soltarlo de verdad, como quien tira lejos una piedra caliente que ya no aguanta en la mano. A mí eso me cambió la forma de ver los problemas, y no hizo falta que tuviera nada resuelto para empezar.

Hay una cosa que llevo años pensando y creo que ya es momento de decirla en voz alta.

Mucha gente cree que la fe es para las personas que tienen la vida resuelta. Yo hoy te digo lo contrario. La fe es para el que ya no puede más con el peso de su vida.

Si nunca has orado, si nunca has rezado, si crees que esto no va contigo: quédate. Esto es justo para ti.

Lo que no vas a encontrar acá

Antes de empezar, te digo lo que no va a pasar.

No te voy a decir que tienes que ir a una iglesia. No te voy a juzgar por lo que crees o por lo que no crees. Y no te voy a vender nada raro.

Solo te voy a contar lo que a mí me ha funcionado cuando la vida se pone densa. Si te sirve, te sirve. Y si no, no pasa nada.

Probablemente lo conoces, pero no lo llamas así

La ansiedad.

Es ese momento en el que la mente no para. Te acuestas cansado y el sueño no llega. Piensas en problemas que ni siquiera han pasado. Estás en una conversación con alguien y por detrás sigues resolviendo cosas en tu cabeza.

Yo he pasado varias temporadas de mi vida así.

Y quiero contarte de una frase que se escribió hace muchísimo tiempo y que me cambió por completo la forma de ver los problemas.

La escribió un pescador que estaba huyendo

Se llamaba Pedro.

Cuando escribió esto lo estaban persiguiendo para matarlo. Imagínate escribir algo en esa situación.

Y lo que dejó escrito fue, más o menos:

Todo eso que te está aplastando, échaselo a Dios, porque a él le importa lo que te pasa.

La frase es simple. Pero hay una palabra ahí adentro que, cuando entendí lo que significaba de verdad, me hizo un switch en la cabeza.

Lanzar. Tirar. Arrojar.

Esa era la palabra original.

No “entregar”. No “dejar en manos de”. Lanzar. Como cuando tienes una piedra caliente en la mano y no la aguantas, y la tiras. Y la tiras lejos.

Durante años yo creí que le entregaba mis cargas a Dios. Creía que le pasaba mis problemas. Había escuchado de un Dios que ayudaba a la gente y creía que me iba a ayudar.

Pero yo no soltaba.

Le entregaba el problema y me quedaba pensándolo. Buscando la manera de arreglarlo por mi cuenta. Dándole vueltas. Se lo entregaba con una mano y con la otra seguía agarrado.

Eso no es soltar.

Soltar es llegar y decir: hasta aquí llego yo. Ya no aguanto más. Te suelto esto.

Y no, no tienes que tener la vida ordenada

Otra cosa que aprendí en el camino.

A veces uno piensa que para acercarse a Dios le van a pedir un checklist. Que primero tienes que ordenar todo, resolver lo tuyo, dejar de ser un desastre.

No es así.

Es al revés. Justamente cuando estamos imperfectos es cuando más necesitamos buscarlo. Eso de que la fe es para los que tienen la vida perfecta es mentira.

Un ejercicio, si quieres hacerlo

Sin presión. Si lo quieres hacer, bien. Si no, no pasa nada.

Ahí donde estás, cierra los ojos un momento.

Imagínate una piedra caliente en tu mano. Esa piedra son los problemas que te tienen estresado ahora mismo. Puede ser un tema de plata. Puede ser de amor. Puede ser de salud. Sea uno o sean varios, todos están ahí, en esa piedra.

Tenla ahí un segundo.

Y si quieres, repite esto:

Dios, si me estás escuchando, estoy cansado.

No vengo con palabras bonitas. No sé cómo se hace esto. Pero aquí te traigo esto que ya no puedo cargar.

No te lo entrego con cuidado. Te lo tiro, porque dijiste que tú tienes hombros para esto.

Si es verdad que te importa lo que me pasa, ayúdame a soltar esto. Dame paz, aunque no entienda nada todavía.

Y ahí donde estás, tírale esa piedra caliente. Suéltala.

Si es la primera vez que dices algo así

No estás haciendo nada raro.

También fue mi primera vez haciendo esto. Llevo muchos años siendo creyente y estuve callado. Hasta que llegó el momento de dejar de guardar silencio.

Esto es Modo Fe, y acá te cuento quién está detrás. Activa tu conexión con Dios.

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